Atender, registrar la consulta, dictar por voz, indicar reposo y programar el seguimiento del paciente.
Es la pantalla de arranque del médico: las citas del día, los pendientes que te dejaste anotados y los exámenes que llegaron y esperan tu revisión.
Mientras trabajas, la consulta es un BORRADOR: puedes guardarla e ir completándola. Solo al enviarla queda cerrada y se le comparte al paciente. Así puedes atender y terminar de escribir después, sin que él vea una consulta a medias.
Puedes dictar en vez de escribir: hablas, y la IA organiza lo que dijiste en los campos correspondientes de la consulta.
La voz NUNCA escribe directo en la consulta: llena un borrador que tú revisas y corriges antes de enviar. Es a propósito — el responsable del contenido clínico eres tú, no el dictado.
Plantillas
Si repites los mismos esquemas de tratamiento, guárdalos como plantilla y aplícalos en un toque. Cargas una vez el antibiótico con su dosis habitual y lo reutilizas siempre.
Es lo que más tiempo ahorra en consulta de volumen. Vale la pena dedicarle media hora al arranque a cargar tus 10 esquemas más frecuentes.
Puedes programar un seguimiento al cerrar la consulta: el sistema le manda al paciente un mensaje de control en la fecha que indiques, sin que tengas que acordarte.
En la ficha del paciente tienes todas sus consultas en orden, con sus diagnósticos, medicamentos y exámenes. Los valores que se repiten (peso, presión, resultados de laboratorio) se pueden ver como evolución en el tiempo.
Una consulta enviada no se edita: es un registro clínico. Si necesitas corregir o agregar algo, se hace en una consulta nueva — igual que en papel.